viernes, 10 de octubre de 2008

What you see is not always what you get

Soy lo que ves, pero como no veo lo que ves... no sé cómo soy.
Aunque trate de darte a conocer cada maña, cada secreto, cada zona de combate destrozada y cada bandera de victoria, tu cristal es distinto. Me mirás con ternura, los ojos se te achinan un poco y entiendo que es ahí donde estás tratando de adivinarme.
Tengo muchas respuestas y me creo que guardo un enigma complicadísimo, uno que nadie puede descifrar. Sin embargo tu técnica sirvió. Ya empezaste a adivinar. Estás juntando las pistas que se me caen por descuidada y te reís del acertijo que me protegía. Estás empezando a entender de qué se trata ser yo antes de que yo misma lo entienda.
Te cuento de mí, de cómo me gustaría ser... te hablo, te recito, te actúo, y sin darme cuenta tus ojos empiezan a ver lo que yo no veo.
Quiero que me muestres qué descubriste abajo de este montón de historias desordenadas y remolino de adjetivos.
Mientras tanto espero. Inquieta.

martes, 23 de septiembre de 2008

Razón y piel, difícil mezcla

Lo puedo sentir. Es una experiencia rara que no suelo tener todos los días. Algo que cuando me pasa es porque realmente vale la pena. Primero golpea sutilmente en mi cabeza. Si no contesto se acerca a mi oído y le pregunta por mí. Si todavía no encuentra respuesta alguna, se toma el trabajo de viajar hasta el músculo con vida propia que me mantiene viva aún cuando no me entero, aún cuando no lo registro. Ese músculo al que la historia y las culturas le adjudicaron la complicada tarea de amar. Ese mismo que dibujamos tan diferente de cómo es en realidad. Aquel que celebra su asimetría y su función plenamente humana y finita.

Hasta allí viaja mi inquietud, ahora más impaciente que antes. Golpea fuerte insistentemente. La sangre me hierve y la energía acumulada se desprende. Todo comienza a correr a gran velocidad. Lo veo venir, lo puedo sentir. Casi hechizada, la lengua – otro músculo traicionero y sobreestimado – se suelta dando lugar a la verborragia que me desnuda el alma. Una a una se van cayendo los fantasmas, terrores, prejuicios, sentimientos y pasiones que con tanto cuidado me ocupé de tapar.

Completamente vulnerable. Los ojos me delatan, las manos me entregan… las palabras todo lo evidencian.

Espontánea, impulsiva, natural. Otros me llaman loca.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Siempre termino citando a Jorge




Quien no lo sepa ya lo aprenderá de prisa. La vida no para, no espera, no avisa.

Planes vueltos espuma.

A veces me da bronca que a otro se le ocurran las cosas que a mí me gustaría decir. Las palabras que se mueven tímidas adentro mío vuelan hasta la boca de otro y desde ahí salen orgullosas e innovadoras.

Jorge acaricia la guitarra para interpretar alguna de mis emociones del día con su mejor voz. Canciones que ya escuché mil veces, que se grabaron en mi memoria a fuego, logran sorprenderme, movilizarme. Como una boba me digo: "es para mí".

Enamorada, confundida, defraudada, olvidada, soltera, enemistada con la vida, reconciliada con el amor. Me identifico.

Me quedo mirando la luna negra, cruzando quince fronteras en 2 segundos, soñando con ser esa princesa bacana que come cerezas en tu cama con más gracia que la más sexy de las diosas griegas. Te canto en inglés y en castellano, un blues, una zamba, una milonga. Mis dedos se mueven en una guitarra imaginaria mientras camino por la calle con Jorge viajando ida y vuelta por los cablecitos de mi i-pod hasta mis oídos. Todas las canciones tienen mi nombre y a veces también el tuyo.

Yo sin embargo siento que estás aquí desafiando las leyes del tiempo y de la distancia. Sutil. Quizás tan real como una fragancia.



Uruguayo radicado en España con un toque argentino y un gran lugar en mi admiración. Un artista al que cito mucho. Un hombre con el que comparto emociones a kilómetros de distancia y años de no conocernos.

domingo, 17 de agosto de 2008

Hoy es noche de función




El telón se sube lento y pesado. Es hora de dar comienzo al espectáculo que tendrá lugar en la noche porteña. Los protagonistas leen el guión, un poco apurados, queriendo saber qué se espera de ellos esta vez. Se encienden las luces. Momento de salir a escena.
Inés se mira en el espejo dudosa. Tuerce un poco la cabeza y se pregunta cuántas veces usó ese pantalón negro. Delinea sus ojos con cuidado abriendo un poco la boca que acaba de pintar de un rojo intenso. Los minutos no la esperan y como el goteo de la ducha, caen uno tras otro haciendo ruido, alterando sentidos. Mira el reloj y pega un salto. Guarda el delineador en la cartera y cierra la puerta con fuerza.
Un poco más tranquilo en su casa, Iván pasea sus dedos por el vaso de cerveza transpirado que todavía está a medio tomar. Puso música pero no la escucha y esto enfurece a Chris Martin que empieza a tocar el piano cada vez con más potencia y logra agudos cada vez más imposibles para la voz humana. Iván repasa las líneas que ya conoce para poder dar un buen espectáculo. Uno más, igual al de la noche anterior. Mira el reloj y se levanta lento de su silla. Deja la botella de cerveza vacía en un costado. Envase que canjeará por otro lleno para poder repetir el preámbulo de todas sus noches sin alteraciones. Chris Martin sigue sonando, esta vez resignado y suave.
Inés estira su mano y las uñas recién pintadas brillan. Un taxi frena y ella se sube. Iván prefiere caminar al ritmo del tintinear de las llaves en su bolsillo. Sobresaltada en el taxi revisa su cartera, sus manos van y vienen por los bolsillos hasta que finalmente se da cuenta que olvidó el guión. No recuerda los diálogos. La idea de improvisar da vueltas en su estómago produciendo una sensación nauseabunda.
2000, 2110, 2345, 2417. “Es acá. ¿Cuánto es?”, pregunta Inés. Se baja del auto y se detiene un momento frente a la puerta del lugar. Mira el reloj. Son las once en punto. Abre la puerta. La obra comenzó, Inés tendrá que tratar de improvisar un personaje que pueda agradar al público de turno. La música suena y lentamente se deja llevar por las melodías que penetran en sus oídos y llegan hasta sus pies.
2417 dice el cartel de la puerta. 2417 dice el papel que Iván guardaba en su bolsillo. Abre rutinariamente la puerta y sale a escena. Interpreta al personaje de maravillas dejando atrás a Iván. Sonríe, saluda y recita los chistes que hacen reír a las mujeres escotadas que lo miran con dobles y triples intenciones. En su andar seguro y desafiante, no percibe la música hasta que se choca con una mujer que baila graciosa en un pantalón negro lo suficientemente ajustado para dejar ver que sus piernas son en verdad frágiles. La observa, pero ella no parece registrarlo. Ella intenta recordar al personaje que le había sido asignado pero lo olvidó por completo. En el cambio de una canción a otra Inés levanta la mirada mientras pasa sus manos por el pelo que comienza a dar signos de calor y energía liberada. Fue en ese momento donde se cruzaron las miradas complementarias y a la vez opuestas de un hombre preparado y una mujer improvisada. El se acerca a ella y a medida que lo hace va olvidando, una a una, las palabras del guión que lo trajo tan desafiante y seguro hasta allí. Es por eso que cuando llega tan cerca de ella que podía oler el perfume que llevaba, se queda en silencio. Inés reconoce que él es el protagonista de la obra de la noche y no lo quiere dejar ir. Iván sabe que se trata de la figura principal por su andar único y su mirada de mujer con ángel. Por primera vez suena la música para Iván que intenta dejar a sus pies improvisar junto a los de la mujer que lo sorprendió en medio de su actuación de todas las noches.
Los protagonistas de la noche caminan y el 2417 va quedando cada vez más atrás. La luna es el reflector perfecto que logra encontrarlos en cada rincón donde se quieran esconder.
El telón se baja. ¿Fin?

lunes, 11 de agosto de 2008

Compañía para el alma


Es fragil y quebradiza. Dos mujeres, una niña y una mujer, viviendo en el mismo cuerpo, compartiendo la misma vida. Peleandose y reconciliándose a cada rato. Típica mujer de junio. Perfecta compañera de camino.
Sólo juntas podemos ser nosotras mismas, reirnos con la misma intensidad con que lloramos. Turnarnos las mochilas y seguir andando... siempre juntas.
Es tan liviana que a veces vuela. Me lleva a pisar nubes, muy lejos de donde mis pies estan acostumbrados a sostenerme. Ella me agarra de la mano y empiezo a subir. Desde arriba veo qué pequeño e insignificante es todo lo que a veces logra asustarme.
Estallan nuestras risas y vuela magia en el aire. El tiempo se detiene por un segundo y comprendo que nunca dejé de tener diez años. Después de un rato las palabras pesan más, el aire se pone mas denso y entónces somos dos mujeres sorprendidas, defraudadas y apasionadas por la vida. Sólo nosotras soportamos y entendemos las fluctuaciones de sentimientos que atravezamos.
Cada una sostiene un espejo. Yo me veo tal cual soy en su reflejo, y ella en el mío.
¿Amigas? No alcanza.
Es una compañía para el alma.

viernes, 18 de julio de 2008

Club de fans

13:00 hrs. Camino hambrienta, un poco cansada por esa vereda que ya conozco de memoria. Descifro los laberintos que se esconden en las grietas de las valdozas, esquivo colegiales, ramas, autos. Pero mi actitud cambia cuando escucho el inconfundible murmullo de estas creaturas de Dios que tanta ansiedad me producen. No son nenes malcriados llorando por algun deseo no complido. No es la mujer que pasa por al lado mío hablando por teléfono un poco absorta de lo que la rodea. Son ellas que como siempre a esta hora, se reúnen a comer y hablar. Cortan el paso y cuando intento (un poco intimidada debo confesar) interrumpirlas y pasar por allí, se alborotan indignadas esperando el momento en que mis pies abandonen su territorio sagrado para volver a lo suyo.
Hace poco conocí al hombre que las convoca. Es un señor de edad avanzada, una persona mayor, un abuelo, un viejo, para ser sincera. Tiene el pelo blanco, como algunas de sus seguidoras, rígido por los productos que usa para poder acomodarlo de tal forma que él mismo crea que aún no se quedó pelado. Lo vi llegar a la casa con una bolsa en la mano. Todas comenzaron a alborotarse, cuchicheaban, se acomodaban para lucir seductoras e inocentes. El las mira con cierto cariño y les dice: "más tarde vengo, vayan a dormir la siesta". Pero ellas no parecen comprender, o al menos disimulan muy bien. Se quedan allí mirándolo fijo, admirándo a su ídolo.
Con un resoplido, vencido por la insistencia de sus fans, mete la mano en la bolsa y saca lo que ellas tanto esperaban. Comienza a mover sus manos ásperas y cansadas con mucha gracia. Ahora llueve sobre las cabezas de el grupo que se agolpa y se empuja desesperadamente. Todas enloquecieron. Él las mira sonrientes y trata de calmarlas diciendo: "hay para todas".
Un verdadero seductor con migajas de pan en los zapatos y una docena de palomas sucias y hambrientas alrededor.
Yo prefiero mirar desde la otra vereda

jueves, 10 de julio de 2008

Mi buena estrella


A veces siento que no quiere venir. Busco alguna correa, alguna soguita, algo para poder atarla y traerla conmigo siempre a donde vaya. El problema es que se me escurre entre los dedos. Se prende y se apaga. Me toca y se va.
Esa es mi buena estrella, un poco malcriada y caprichosa. Jugamos a las escondidas, pero cuando abro los ojos me acuerdo que es muy buena para los escondites. Ahí es cuando me canso de buscarla. Indiferente, camino desafiante sin su compañía.
Arrepentida ella, me toca la espalda con sus dedos largos y flacos. No puedo mirarla a los ojos, me encandila. Me dice que me va a seguir. Yo le creo.