
Me subo al tren todos los días. Inspecciono caras, imagino y deliro, invento historias, adivino qué comieron y dónde se van a bajar. Me vuelvo una especie de detective encubierto o sólo una pasajera extremadamente aburrida.
El traqueteo del vagón me arrulla y me dejo estar. Sólo espero el destino, paciente, mirando la película que están pasando en mi ventana.
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