Este espacio es mi oportunidad de contar historias con la leve sospecha de que ya no son más mías. Con la extraña certeza de que también las quieren contar ustedes.
miércoles, 21 de mayo de 2014
Encontrar el Norte
martes, 25 de marzo de 2014
Gritos de madrugada
Incluso antes de cometerlo,
González ya se estaba arrepintiendo. Se escondió bajo la oscuridad de la noche
que todo lo permite y salió. Salió con la sombra en los ojos, el hambre en la
boca y la ira en las manos.
Tomó coraje del fondo de una
botella y empezó a caminar. Tenía un objetivo claro y un rumbo desconocido.
Miró con recelo aquellas casas donde la paz y la calma dejaban dormir. Se
detuvo frente a los últimos trasnochados que se despedían frente a un bar entre
carcajadas y se preguntó qué los hacía reír así. Un colectivo, que terminaba su
recorrido a toda velocidad, lo envolvió en un viento caliente y sofocante.
Transpiraba, temblaba de enojo, daba pasos rápidos y torpes. Se supo solo. En
esa noche y en el alma.
Cuando por fin llegó vio que la
casa estaba una vez más a oscuras, salvo por la luz esquelética de la puerta; y
una vez más, la ventana abierta. La inocencia casi le produjo ternura, pero la
desesperación reafirmó su indignación. Miró a cada lado de la calle. Quietud,
grillos pidiendo piedad al verano, un guardia dormido en su casilla y la radio
que lo arrulló sonando de fondo. Era el momento perfecto. Forzó la persiana que
cedió fácilmente y entró.
Una hora más tarde, todo había
terminado: el alcohol dejaba de hacer su magia, una profunda tristeza lo perseguía
y un policía lo agarraba firmemente por las manos y el cuello. No puede ser, no
puede ser, no puede ser. Acostado en la celda de cemento de la comisaría lloró,
se arrepintió, se preguntó cuándo se darían cuenta en su casa que no estaba,
que no volvía. Y volvió a enojarse. Con Dios, con los que duermen tranquilos,
con los que ríen, con los que pueden lo que él no puede, con los policías que
le arrebataron su momento de gloria. La sangre hervía adentro y comenzó a
gritar, a llorar desesperadamente. Tenía que salir. Inútilmente pateaba la puerta
de hierro y con cada golpe, más dolor y menos chances de salir.
La noche cómplice se despidió de
él y los vecinos, cómodos en sus casas frescas, en sus camas blandas, con sus
heladeras llenas, empezaban un nuevo día. Todo seguía igual, pero no para
González que pedía a gritos, desde una celda hostil, un vaso de agua y un poco
de paz.
jueves, 20 de febrero de 2014
La mesa redonda
En un balcón que vibra con el paso caprichoso e impredecible del tren, dos enamorados comparten el día a día entre risas, anécdotas, nosabés, caricias, sabores, miradas, planes...
El silencio de la calle, las cortinas que bailan con el viento, la música de sus voces, algún artista invitado y la simpleza del que no necesita más.
En una mesa redonda, en una cama rectangular, en un barrio chiquito de un mundo gigante se celebra cada noche la fiesta de la intimidad.
viernes, 9 de diciembre de 2011
Sin título
Pasan los días, las caricias, las palabras y cada vez te volvés más grande y majestuoso para mí. Conozco en intimidad y profundidad. De a poco, soy casi una experta. Quizás para cuando no seamos tan jóvenes y todo se ponga un poco más blanco, ya sepa moverme con soltura por los caminos sinuosos que llevan a tus secretos. En el mientras tanto, corro, bailo y camino de la mano con vos por las curvas y contra curvas que te llevan a destino. Me caigo y tropiezo de vez en cuando pero lo recorro feliz disfrutando cada segundo. Se suman los días, se suma la vida y el resultado es la experiencia, lo vivido que te moldea tierno y fuerte… lleno de ganas de ser. Celebro lo que hierve adentro tuyo y sigo caminando a tu lado por muchos años más. Quiero ver lo que vas a ser, porque ya me enamoré del boceto.
Cumpliendo con la felicidad y los años
El blanco y el negro, opuestos naturales perfectos, se complementan en armonía cuando ella sonríe. Como en la vida, los opuestos no sólo se atraen, sino que suceden unos a otros en cada momento. Levantamos el teléfono para escuchar una gran noticia cuando pensábamos que teníamos el peor día. La ciudad se moja a cántaros en esa fecha tan feliz y especial. Las vacaciones se terminan justo cuando empezabamos a disfrutarlas… y así. Será que tenemos que amigarnos con los opuestos y entender que son sólo momentos, que la felicidad (según lo que me dijeron una vez) “son chispas que salen del gran fogón”. Ese fogón me gusta pensar que es Dios. Como las chispas, la felicidad no es algo constante y está compuesta de miles y millones de momentos, instantes, palabras, sabores y miradas. Hoy en el día feliz de las bodas de plata de su vida, de su humilde pero valioso cuarto de siglo, seguramente haya opuestos peleándose por aparecer, sentimientos que no quieren callarse. Pero ella, sabia, sabrá mirarse con ternura y entender que las chispas hoy son muchas y más brillantes que nunca. Y así, una vez más el negro de su pelo se opondrá al blanco de su sonrisa perfecta para brindar por todos los chispazos que venimos compartiendo juntas.
Olvido
Yace en el hostil suelo de cemento. Derrotado y sucio. La ciudad y la calle murmuran a todo volumen su desgracia y al mismo tiempo lo ignoran por completo. Margen. Es la encarnación del sueño no cumplido, del dilema no resuelto, la enfermedad no curada, el amor no correspondido y tantas otras cosas más. Por eso, mejor voltearse para no ver. Consulte a su médico, saque turno con el psiquiatra y enamórese en cualquier esquina. Que no le pase como a él que yace en el hostil suelo de cemento vació por dentro pidiendo a gritos que alguien lo recuerde.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

