jueves, 20 de febrero de 2014

La mesa redonda


Una mesa redonda los reúne cada noche. Tocan los temas más variados llevando adelante esta tarea a la que se han encomendado. No se suspende por lluvia. Mientras ellos estén la reunión jamás se posterga. La esperan.

En un balcón que vibra con el paso caprichoso e impredecible del tren, dos enamorados comparten el día a día entre risas, anécdotas, nosabés, caricias, sabores, miradas, planes...

El silencio de la calle, las cortinas que bailan con el viento, la música de sus voces, algún artista invitado y la simpleza del que no necesita más.

En una mesa redonda, en una cama rectangular, en un barrio chiquito de un mundo gigante se celebra cada noche la fiesta de la intimidad.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Sin título




Pasan los días, las caricias, las palabras y cada vez te volvés más grande y majestuoso para mí. Conozco en intimidad y profundidad. De a poco, soy casi una experta. Quizás para cuando no seamos tan jóvenes y todo se ponga un poco más blanco, ya sepa moverme con soltura por los caminos sinuosos que llevan a tus secretos. En el mientras tanto, corro, bailo y camino de la mano con vos por las curvas y contra curvas que te llevan a destino. Me caigo y tropiezo de vez en cuando pero lo recorro feliz disfrutando cada segundo. Se suman los días, se suma la vida y el resultado es la experiencia, lo vivido que te moldea tierno y fuerte… lleno de ganas de ser. Celebro lo que hierve adentro tuyo y sigo caminando a tu lado por muchos años más. Quiero ver lo que vas a ser, porque ya me enamoré del boceto.

Cumpliendo con la felicidad y los años


El blanco y el negro, opuestos naturales perfectos, se complementan en armonía cuando ella sonríe. Como en la vida, los opuestos no sólo se atraen, sino que suceden unos a otros en cada momento. Levantamos el teléfono para escuchar una gran noticia cuando pensábamos que teníamos el peor día. La ciudad se moja a cántaros en esa fecha tan feliz y especial. Las vacaciones se terminan justo cuando empezabamos a disfrutarlas… y así. Será que tenemos que amigarnos con los opuestos y entender que son sólo momentos, que la felicidad (según lo que me dijeron una vez) “son chispas que salen del gran fogón”. Ese fogón me gusta pensar que es Dios. Como las chispas, la felicidad no es algo constante y está compuesta de miles y millones de momentos, instantes, palabras, sabores y miradas. Hoy en el día feliz de las bodas de plata de su vida, de su humilde pero valioso cuarto de siglo, seguramente haya opuestos peleándose por aparecer, sentimientos que no quieren callarse. Pero ella, sabia, sabrá mirarse con ternura y entender que las chispas hoy son muchas y más brillantes que nunca. Y así, una vez más el negro de su pelo se opondrá al blanco de su sonrisa perfecta para brindar por todos los chispazos que venimos compartiendo juntas.


Un reflector lo alumbra y lo rotula como protagonista. 
No tengo otra alternativa más que mirar hacia él, hacia el foco de luz, la palabra expresada en voz alta.

Olvido




Yace en el hostil suelo de cemento. Derrotado y sucio. La ciudad y la calle murmuran a todo volumen su desgracia y al mismo tiempo lo ignoran por completo. Margen. Es la encarnación del sueño no cumplido, del dilema no resuelto, la enfermedad no curada, el amor no correspondido y tantas otras cosas más. Por eso, mejor voltearse para no ver. Consulte a su médico, saque turno con el psiquiatra y enamórese en cualquier esquina. Que no le pase como a él que yace en el hostil suelo de cemento vació por dentro pidiendo a gritos que alguien lo recuerde.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Cajoneando



La mano se enrojece con pasión. Golpea contra la madera con la fuerza capaz de crear ritmo, melodía y canción. En lo que parece un ritual ancestral las manos piden lo que el corazón no es capaz de verbalizar. Es una plegaria de graves y agudos. Chasquidos y golpes se preguntan y se responden con la naturalidad que sabe crear la música.
Sólo manos y madera. Tan humilde es este juego que no necesita nada más. Así de sencilla es la creación. Aprendo de la pequeñez de los momentos felices y me abstraigo.
No puedo pensar en nada más. Me imagino que así debe ser la meditación, un momento donde la mente se pone en pausa y, como espectadores de nuestro propio cuerpo, nos dejamos llevar. Entonces obedezco a mis manos y sus ganas de bailar eufóricamente al ritmo de mi música. La fiesta comienza.

martes, 23 de noviembre de 2010

No sos vos... ¡soy yo!



No es que no me conozca, pero cada tanto me olvido de pasar tiempo de calidad conmigo misma. Por eso, a veces, mientras estoy sumergida en las hojas del libro de turno, freno y me saludo. Me reconozco con alegría y hasta me digo cuánto me extrañaba. Es que cada tanto, una vocación que se tradujo en una rutina hace que me olvide de que estuve todo el tiempo, cada segundo de cada minuto, conmigo misma. Con la única compañía con la que nací y con la que voy a morir el mismo día: yo.
Por eso, hoy que los días me sorprenden más silenciosa y libre de tiempos te dedico, querida yo, una caminata, una canción, un libro, un plato rico, una charla con amigas. Todo lo que antes era para otro, hoy es para mí. Te escribo para decirte cuánto valoro tu compañía. Aunque a veces me asusta que nos quedemos solas, te descubro, te observo, te abrazo y te digo: “¡Hola! Sos yo, te extrañaba”.