sábado, 14 de junio de 2008

Comienzo


Cruzó la avenida, en la pausa del tráfico, y echó a andar por Florida. Le sacudió los hombros un estremecimiento de frío, y de inmediato la resolución de ser más fuerte que el aire viajero quitó las manos del refugio de los bolsillos, aumentó la curva de su pecho y elevó la cabeza, en una búsqueda divina en el cielo monótono.
¡Por fin supo qué era la libertad! El pecho descomprimido; el llanto ya no la amenazaba; los miedos no la perseguían. La larga espera había terminado. Admiró su paciencia, bendijo sus silencios, aborreció sus ojos tristes y agradeció haber contado con la presencia de ese hombre que con sus brazos la había protegido y con sus besos había hecho más corta la espera.
Se detuvo frente a un puesto de flores obnubilada por los colores. ¿Por qué todo parecía nuevo para ella? Las baldosas, los vendedores ambulantes, los volantes que nadie quiere aceptar, ella los tomaba y los agradecía con una sonrisa. Miró su reflejo durante un rato en una vidriera. Se reconoció, por primera vez, y se gustó. Mucho. Descubrió que todo cambia cuando se dejan los fantasmas de lado y se ubica cada cosa en el lugar que le corresponde.
Siguió caminando cuando de pronto alguien la detuvo. En su andar apurado y algo conmocionado, no reconoció aquella figura en el mar de gente. Recorrió los botones del pesado abrigo azul que llevaba; examinó la camisa blanca, perfecta, y subió por el cuello hasta llegar a los ojos del hombre que con sus brazos la había protegido y con sus besos había acortado la espera.


*Comienzo de Juan Carlos Onetti

1 comentario:

Puerto Madero desde el 26 dijo...

Este es el que más me gusta pendex. Está realmente bueno, te imagino mucho.
Hay unos juegos de palabras y circunstancias muy cortacianas.
Hoy lo releí!